Las abreviaciones
Revisado: 2006-10-24
Las abreviaciones son una representación abreviada de una o varias
palabras. Su finalidad es doble:
- Conveniencia del que escribe, pues se teclea menos en ciertas palabras que
se repiten.
-
Conveniencia del que lee. Las palabras se captan por bloques de letras y
un lector medio viene a captar un máximo de cuatro letras, por lo que las
abreviaturas que no pasan de este tamaño pueden identificarse rápidamente
de forma visual.
Antiguamente tenían otros propósitos, como permitir el ahorro de
materiales o ajustar las líneas, pero hoy tales usos han desaparecido
por completo.
Normalmente, los análisis ortotipográficos se centran en el primero de
los aspectos, mientras que el segundo se suele pasar por alto. Por
ejemplo, se rechaza la abreviatura lib. para libro porque no se
gana más que un carácter y por ello se propone pasar a l. Pero no
hay que olvidar la segunda faceta de las abreviaturas, y en bloques
donde se concentra gran cantidad de información, como las
bibliografías, el reconocimiento visual puede ser importante: l. es
poco expresivo del significado (¿es libro o línea?) y libro ya
se pasa en un carácter del límite de cuatro; en cambio lib. se
distingue claramente y se diferencia de lín., y por funciona muy
bien como poste visual fácilmente reconocible. De forma parecida,
es más expresivo dejar abierta una enumeración con etc., un marcador
visual rotundo por su concisión, que con etcétera; en cualquier caso,
no parece que tenga mucho sentido que lo mismo unas veces se escriba
de una manera y otras de otra, como a menudo se propone con
etc./etcétera.
Hace tan sólo unos pocos decenios, la situación sobre las
abreviaciones era más o menos clara: teníamos abreviaturas y
abreviaturas comerciales. Dentro de las primeras se podían englobar
las siglas, pues no tenían tratamiento especial: igual se escribía s.
e. u o. y O. N. U., que VV. AA. En la actualidad las abreviaturas se
han especializado y se clasifican en varios grupos: abreviaturas (y
dentro de éstas las abreviaturas comerciales) y siglas (y dentro de
éstas los acrónimos). Aunque en la práctica ésos son los dos grupos
esenciales, igualmente se pueden encontrar, en función del autor,
literaciones, sigloides, siglónimos, inicialismos y otras categorías;
el panorama no puede ser más confuso, porque las clasificaciones
varían de un autor a otro y a menudo se mezcla los métodos de formar
las abreviaciones con la forma de leerlas.
Otra categoría adicional son los símbolos, que a menudo se definen
como «abreviaturas técnicas sin punto y normalizadas». No es una
definición muy apropiada, porque los símbolos son más bien
representaciones abreviadas (gráficas o textuales) de conceptos, que a
menudo se pueden combinar con cifras u otros símbolos para formar
expresiones según ciertas reglas establecidas, ya sea por tradición,
ya sea por convenios internacionales, nacionales, locales o
personales. Estas reglas pueden llegar a ser muy complejas y
específicas y por tanto su asimilación a las abreviaciones es dudosa y
deberían quedar fuera de una regulación lingüística (como hace la RAE
de forma por lo general bastante desatinada).
La sigla es un tipo especial de abreviatura, sin que esté claro en qué
se diferencia una de otra. Originalmente, las siglas (o lo que ahora
entendemos por siglas) eran básicamente abreviaturas de nombres
propios, por lo que se componían con mayúsculas. Como no siempre eran
pronunciables y había que deletrearlas, se amplió la forma de crear
siglas mediante los acrónimos, que no sólo tomaban las primeras letras
de cada palabra sino también alguna más intermedia para poder formar
algo pronunciable: así, en lugar de RNFE tenemos Renfe. Aunque se
suele caracterizar el acrónimo por la inclusión letras intermedias, en
realidad su razón de ser es permitir la lectura oral; así se define en
francés e inglés y así debería definirse en español. Por razones
tipográficas,
en las siglas se abandonaron los espacios y los puntos, pero no
ocurrió lo mismo con otras abreviaturas que se componían igualmente
con mayúsculas y que por tanto presentaban el mismo problema.
Actualmente las siglas no se limitan a los nombres propios, sino que
también puede expresar un concepto; también es método para formar
neologismos, en lo que se ha mostrado extremadamente productivo:
ovni, láser, opa, sida... Es un sistema muy conveniente para el
lector, que puede captar un concepto en la lectura de una vez, sin
necesidad de tener que leer un sintagma completo y a menudo largo (lo
cual no justifica el abuso que se hace de ellas).
Las abreviaturas suelen formar el plural añadiendo s o es:
Dirs., núms., Dres. Las de una letra lo pueden formar duplicando la
letra: pp. Eso se ha aplicado a algunas siglas (en el sentido
original del término), como CC. OO., lo que hoy crea incoherencias en
el sistema (compárese EE. UU. con URSS), con un híbrido entre sigla y
abreviatura que parece difícil de justificar; la tradición tampoco
vale porque estamos tratando con fenómenos ortotipograficos nuevos.
Puesto que la evolución de las siglas fue sobre todo por motivos
gráficos, no parece razonable excluir este caso del proceso y algunos
medios de comunicación ya lo han puesto en práctica: EEUU, CCOO,
AAPPAA (con espacios finos entre cada bloque, que en una página web no
se pueden reproducir).
La formación del plural con duplicación viene a ser una especie de
cultismo, como prueba el que muy a menudo se vean usados en singular
( una BBDD es una base de datos, la CCAA de Madrid es una comunidad autónoma)
y las incoherencias en su aplicación (BD para base de datos, con plural
BBDD, APA para asociación de padres de alumnos con plural AAPPAA).
En cierto modo, se podría decir que no es realmente productivo y que sólo
permanecen de verdad los casos ya establecidos como RR. CC., AA. VV. o, un
tanto atípicamente, FF. CC. (ferrocarriles, con F duplicada aunque
ferro- no varía). Por otra parte, parece que sólo funciona bien cuando
son dos o tres letras.
En los últimos años las abreviaturas y las siglas han dado un giro
copernicano y es tiempo de reconsiderar las reglas. Yo ya escribo CDs y
TVs, pues me parece un plural gráfico conciso, díafano, legible y
reconocible. El hecho de que a los ingleses se les haya ocurrido
antes no es razón suficiente para rechazarlo. Más bien al contrario,
en español las abreviaturas han tenido siempre plural, y su ausencia
puede denotar un galicismo, ya que en francés son invariables.
La regla académica, que cada cual juzgará, es que las siglas, como en el
francés, son invariables. ¿Cómo saber si un cartel que dice «PC de oferta»
se refiere a uno o a varios? ¿Y «congreso de ONG»? Una norma ortográfica
no debe ser obstáculo a la comunicación: si por una norma ortográfica se
resiente la capacidad de comunicación, esa norma hay que revisarla.
Volver.
|